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Tomates. 1 Polinización
Polinización
Para los jardineros que deseen recolectar sus propias semillas de tomates, quedan por determinar los riesgos de polinización cruzada, o riesgos de hibridación natural, entre las diferentes variedades de tomates que crecen una al lado de la otra en los jardines.
Foto. Abeja solitaria sobre un flor de tomate.
El estigma del tomate se vuelve receptivo un día antes de que se abra la flor. El polen empieza a esparcirse un poco más tarde, pero no obstante, igualmente, antes de que se abra la flor. El estigma permanece receptivo y el polen continúa esparciéndose mientras la flor esté abierta, es decir de un día a una semana en función de las condiciones que prevalezcan.
El nivel de polinizaciones cruzadas en los tomates es determinado por un cierto número de parámetros.
1. Las características propias de la variedad tales como la longitud del estilo.
Foto. El pistilo de este flor de tomate emerge del cono de estambres.
Las flores de tomate son perfectas y autofecundas. El modo de reproducción de los tomates es pues una autogamia preferencial.
En las variedades modernas, el pistilo no emerge nunca al exterior del cono de estambres fusionados juntos. Las anteras están situadas en la superficie interior del cono de estambres y el polen se esparce en el interior. Como las flores están giradas hacia la tierra, el polen cae sobre el estigma, generando una autofecundación.
Por el contrario, numerosas variedades antiguas, así como las variedades que heredaron los genes de Lycopersicon pimpinellifolium o de otras especies salvajes de Lycopersicon, tienen un pistilo que emerge del cono de estambres y que es por consiguiente expuesto a los polinizadores. Estas variedades tienen por lo tanto muchas más probabilidades de ser cruzadas.
2. Condiciones del entorno que modifican la longitud del estilo.
El Profesor Messiaen, en su excelente obra : " El Huerto Tropical" señala que podemos observar en los tomates, en condiciones tropicales, una tendencia al alargamiento del estilo. Parece ser que ese alargamiento del estilo es provocado por la intensidad solar, la duración de los días y la proporción carbono-nitrógeno.
3. La presencia de insectos polinizadores.
La mayor parte del tiempo, las flores de tomate no atraen a los polinizadores y si hay otras fuentes de polen accesibles todavía menos. Sin embargo, en la propia Francia los jardineros nos señalaron que ciertas variedades de tomate eran visitadas por insectos, abejas o grandes abejorros negros. En ciertas regiones, particularmente en los trópicos, algunos insectos son atraídos por las flores de tomate que ellos van por consiguiente a polinizar regularmente. Estos insectos pueden ser himenópteros tales como Exomalopsis billotii en las Antillas. En América del norte, las abejas solitarias y los abejorros son el vector de la polinización cruzada, más particularmente, en la zona Atlántica y en California.
Además, parece ser cierto que, en ciertos entornos, los áfidos y aleurodes constituyen los polinizadores más eficaces. Es lo que nos ha afirmado últimamente, en una entrevista, Pierre Bourgois, de la isla de Oléron, quien colecciona y regenera cientos de variedades de tomate desde hace decenas de años.
4. Los movimientos del viento.
Los movimientos de aire alrededor de la flor pueden intensificar el nivel de autofecundación. Sin embargo parece que éstos ejercen muy poca influencia en el ámbito de las polinizaciones cruzadas.
Hallazgos En zonas poco sensibles, es decir, la mayor parte de las zonas templadas, podemos tener entre el 2 y el 5% de hibridaciones naturales.
Foto. Cuando uno desea cultivar un cierto número de variedades para la producción de semillas, la solución más simple parece ser, en este caso, aislar cada variedad bajo una tela mosquitera o cualquier otro tul de malla fina
Por el contrario, en las zonas sensibles, como por ejemplo las regiones tropicales, este porcentaje es considerablemente más alto. En función de los diversos parámetros previamente evocados, éste varía entre el 12% y el 47%.
Es indispensable observar la configuración floral de cada variedad así como la actividad de los insectos en el entorno. Cuando la variedad se caracteriza por un estigma retirado y cuando no hay insectos para trabajar las flores, no es necesario establecer distancias de aislamiento.
Por otro lado, es sabio aislar las variedades cuyo estigma es prominente y tanto más si existen insectos en el entorno que puedan efectuar polinizaciones cruzadas. La distancia mínima de aislamiento aconsejada es entonces 30 metros y puede llegar hasta 200 metros. Uno puede en este caso disminuir las distancias de aislamiento, plantando entre las variedades, especies vegetales inundadas de néctar y de polen. Cuando uno desea cultivar un cierto número de variedades para la producción de semillas, la solución más simple parece ser, en este caso, aislar cada variedad bajo una tela mosquitera o cualquier otro tul de malla fina. Si no la protegemos con el tul, entonces la distancia de aislamiento aconsejada es de 500 metros a un kilómetro en función de los insectos polinizadores.
Los jardineros o jardineras muy meticulosos pueden igualmente practicar una polinización controlada ligando las flores, antes de que éstas se abran, a fin de forzar la auto-fecundación.
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