Manual de producción de semillas


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Tomates. 2 Producción de semillas

Producción de semillas

Cada semilla de tomate está encerrada en una pequeña envoltura gelatinosa conteniendo substancias químicas que obligan a la semilla a permanecer en estado adormecido. Sin esta envoltura gelatinosa, las semillas germinarían fácilmente en el medio caliente y líquido que constituye el interior del fruto. (Por otra parte es interesante examinar hasta qué punto un tomate maduro y muy jugoso puede almacenar calor durante los días más calurosos del verano).

En la naturaleza, los frutos caen de la planta, se pudren y el proceso de fermentación destruye esta envoltura gelatinosa.

El jardinero que desee preparar sus propias semillas de tomate debe reproducir este proceso de fermentación artificialmente. La metodología es de las más sencillas. Se cortan los tomates en dos partes y se extraen de éstos las semillas y el jugo que se vierten en un recipiente. Se puede añadir un poco de agua ya que ello parece favorecer, en determinadas condiciones, el proceso de fermentación.

Foto. Se cortan los tomates en dos partes y se extraen de éstos las semillas y el jugo que se vierten en un recipiente.

Este líquido se deja durante varios días hasta que se forme en la superficie una capa de mohos. Esta fermentación tiene como agente principal a Oospora lactis y ésta permite eliminar las enfermedades bacterianas.

El tiempo de fermentación varía según la temperatura ambiente. Es necesario, no obstante, ejercer la mayor vigilancia, durante los días más calurosos del verano, porque el proceso de fermentación puede efectuarse en menos de 48 horas. En este caso, si uno espera demasiado, se arriesga a perder las semillas que, liberadas de su protección gelatinosa, empiezan a germinar alegremente en un medio totalmente favorable, es decir líquido y muy caliente.

Foto. El jugo despues de una fermentación de 24 horas .

Por consiguiente, cuando el proceso de fermentación está completado, se lleva a cabo la limpieza de las semillas pasándolas por un colador de malla fina y removiéndolas enérgicamente bajo una corriente de agua.

Los remanentes y las semillas inmaduras descompuestas se van con el agua, y sólo quedan las semillas buenas. Es necesario colocarlas después sobre un pequeño tamiz (confeccionado por ejemplo con tela de mosquitera de plástico flexible) a fin de secarlas: es suficiente entonces un lugar seco y ventilado.

No aconsejamos en absoluto hacerlas secar sobre papel (es imposible entonces despegarlas), ni horno (incluso a baja temperatura) ni en pleno sol. El elemento importante de un secado correcto (para todas las clases de semillas ) no es el calor sino la ventilación.

Durante un periodo caliente y húmedo, se aconseja vivamente utilizar un ventilador. En el momento del proceso de secado, se aconseja igualmente separar, delicadamente con los dedos, las semillas que se aglomeraron en montones pequeños.

Las semillas secas deben guardarse entonces, de preferencia, en recipientes de vidrio o en saquitos de papel, al resguardo de la humedad.

Las semillas de tomate tienen una duración germinativa media de 4 años. Ellas pueden, sin embargo, conservar una facultad germinativa hasta de 10 años y más.